martes, 24 de febrero de 2009

Más del conflicto armado colombiano.

El siguiente es un artículo de opinión del columnista Franciso Leal Buitrago:

El Tiempo, sábado 21 de febrero.

La Exclusividad De Las Armas El ‘Cuentico’ De La Guerra. El Gobierno Ha Buscado Polarizar Al País Con Réditos A Su Favor.

La recurrente y malsana mediación de la violencia en la política nacional ha desvirtuado el objetivo de esta actividad en una democracia, que es institucionalizar los conflictos y negociar los intereses.

Esta distorsión histórica ha llevado a que el actual Gobierno crea que el monopolio o la exclusividad del uso de la fuerza –esencia de un Estado moderno– consiste en que la única forma de solucionar los conflictos es por medio del uso de las armas, camuflando así la carencia de ese monopolio.

Esto le ha cercenado al Estado su más valioso instrumento, que es inventar a diario la política para manejar los conflictos sin reproducir la violencia.

Para darle sabor de legitimidad a esta situación, el Gobierno ha buscado polarizar al país con réditos a su favor. Con ello, ha cerrado el círculo que alimenta la creencia maniquea derivada del desastre del Caguán, que piensa que la negociación como vía política sólo lleva al fortalecimiento del ‘enemigo’, mientras que la guerra es la solución del conflicto armado interno. Para esa creencia, por supuesto, el lado de ‘los buenos’ es la guerra contra las Farc, y el de ‘los malos’, cualquier crítica a la exclusividad bélica de esta supuesta solución.

En este contexto, hasta los políticos recién liberados, que criticaron con razón la ausencia oficial de imaginación política para sacarlos de tan atroz suplicio, son los ‘malos del paseo’: padecen del ‘síndrome de Estocolmo’ o, al menos, expresan ‘un despiste’.

Si esto ocurre con víctimas que por años padecieron las criminales acciones de las Farc, qué decir entonces de aquellas personas que con su iniciativa llenaron el vacío gubernamental al inventarse medios políticos para liberarlos: son ‘un bloque intelectual de las Farc’ o ‘amigos del terrorismo’. Para no seguir con más ejemplos, basta releer la afirmación de que hay “agentes o amigos de las Farc infiltrados en la Fiscalía, la Procuraduría y las altas Cortes”.

La persistencia de la concepción de la exclusividad de las armas para solucionar el conflicto interno –que el Gobierno de manera contradictoria desconoce– seguirá reproduciendo los factores que han impedido que el Estado alcance el monopolio del uso de la fuerza. La eficacia armada oficial lograda por primera vez no implica necesariamente fortalecimiento político del Estado. A esta eficacia se llegó hace poco tiempo, luego de años de ingentes costos que expandieron las Fuerzas Militares con escaso contenido del indispensable ingrediente de acierto estratégico. Los ‘falsos positivos’, por ejemplo, son el producto de la fuerza bruta accionada por el voluntarismo que ‘ordenó’ resultados mirando al espejo gringo de Vietnam con los body count.

Pero para que el Estado adquiera la fortaleza política propia de una democracia se requiere entender que los acuerdos para terminar un conflicto armado interno son la meta derivada de numerosas y variadas iniciativas propias del ejercicio de la política, en donde el uso de la fuerza es sólo uno de los requisitos disponibles. Intercambio epistolar, estímulo a liberaciones e intercambio humanitario son algunas de las iniciativas políticas recientes que el Gobierno ha rechazado con el manido y desgastado argumento de no hacerle el juego al terrorismo.

Las decisiones políticas en un conflicto tal tienden a dejar perdedores y ganadores. La clave es que al final haya más ganadores que perdedores, incluyendo al adversario, siempre y cuando no se cohonesten los delitos atroces ni de lesa humanidad. Sólo así se logrará una paz sostenible. Esa es la diferencia de fondo frente a la exclusividad de las acciones armadas, donde las victorias son siempre pírricas, en el sentido de que incuban el renacer armado de los conflictos.

La siguiente, es la opinión que tengo sobre dicho artículo:

Para empezar a analizar el artículo de opinión el título no me queda nada claro: La Exclusividad De Las Armas El ‘Cuentico’ De La Guerra. El Gobierno Ha Buscado Polarizar Al País Con Réditos A Su Favor.

Ninguno de los tres títulos –mal escritos o mal pensados- que eligió el autor para su columna se ve reflejado en el contenido. A mi parecer, la guerra es un negocio donde los actores buscan beneficiarse mutuamente, no es un “cuentico” inventado o producto de la imaginación. También considero que el gobierno no busca polarizar al país, creo que son los acontecimientos puntuales del conflicto colombiano y la opinión pública los que juegan ese papel en la democracia: hacer que la gente tome posición.

Por otro lado, considero que el columnista es sesgado o mejor dicho es parcializado. Uno no puede hablar de un conflicto de poderes desde un sólo escenario, porque la realidad es que existen varios actores del conflicto. Lo que el columnista debe hacer es mostrar las perspectivas de los distintos actores en conflicto, proponer posibles soluciones y dejar que los lectores asumen una posición crítica.

Después de leer el artículo y acorde con la posición que acabé de fijar, en primer lugar hay que ver cuáles son los actores del conflicto: El gobierno, Las Farc, la población civil y la oposición política colombiana.

Así las cosas, vale la pena preguntarse por qué el conflicto armado colombiano:

1. Las Farc pelean por el pueblo.
2. Las Farc son un movimiento político.
3. Las Farc son un grupo narco-terrorista.

Yo me quedo con la tercera; Las Farc son un grupo narcotraficante, porque se financian con la droga para cometer los actos terroristas más deliberados, y no contentos con esto, se valen del secuestro como móvil de presión ante el gobierno. Luego, cabe preguntarse cuál sería el interés de la guerra para ellos. Yo diría que poder, dinero fácil y sometimiento de la población civil.

Por otro lado, ¿por qué pelea el gobierno? Hay varias respuestas:

1. Para derrotar el terrorismo y por el pueblo.
2. La guerra es un negocio.
3. Es populismo.

Yo me quedo con las respuestas 2 y 3

El gobierno ha querido negociar. Prueba de ello, y como lo expone Francisco Leal Buitrago en su columna de opinión, fue cuando el gobierno de Andrés Pastrana, despejó el Caguán, requisito para que Las Farc se sentaran a negociar. Los acontecimientos posteriores al despeje, demostraron que esto fue un total desastre y que no fue la mejor decisión tomada por el presidente de ese entonces.

Así las cosas, la negación del gobierno a no querer ceder una vez más a las condiciones de Las Farc, puede ser una conducta Maniquea, pero muy justificada si se tiene en cuenta la cantidad de mentiras que han dicho. En este punto, considero que, ocasionalmente, las mejores decisiones no convergen con la democracia.

En esta instancia, y cuando tenemos claras las posiciones de estos dos actores analicemos entonces la posición de Estados Unidos como país aliado de Colombia frente al conflicto armado. Los Estados Unidos no quieren a Las Farc, sencillamente porque ellas representan terrorismo y narcotráfico y su política anti-drogas y anti-terrorismo no lo permite.

La sociedad civil por su parte, no ven otra oportunidad de solución que la guerra, porque sencillamente somos una cultura de la guerra. Aquellos que sufren directamente el flagelo de estar secuestrados o de tener a un ser querido privado de la libertad, quieren el intercambio humanitario.

Considero que esta última es más una posición sentimental y fraternal que una posición racional y justa. Porque justicia no es que saquen terroristas de la cárcel para intercambiar por civiles que el único pecado que han cometido es hacer parte de la sociedad colombiana menos favorecida.

domingo, 15 de febrero de 2009

Libertad en Colombia: un derecho natural o móvil “político” de presión.

Después de una gran parafernalia llevada a cabo por Las Farc y patrocinada por los medios de comunicación colombianos, el martes fueron liberadas 4 personas y entre ellas el ex gobernador del Meta Alan Jara.

Las liberaciones se dieron por medio de una operación brasileña que tenía como fin el rescate humanitario organizado para los días entre el 30 de enero y el 4 de febrero de 2009, bajo la aprobación del presidente Álvaro Uribe Vélez.

Considero que el manejo dado por los medios a este acontecimiento específicamente es de superficialidad. Porque a pesar de que están cubriendo la noticia desde que Las Farc anunciaron la libertad de los secuestrados, sólo dan datos sueltos, no contextualizan a los espectadores en lo que verdaderamente está pasando y no dan una opinión crítica frente al tema.

En cuanto a la ética de los periodistas creo que en el caso de Jorge Enrique Botero, como miembro de la Comisión Humanitaria, generó polémica por haber tomado fotografías y videos del momento de la liberación de los primeros secuestrados, además de haberle concedido una entrevista a la cadena de noticias Telesur vía telefónica. Los demás periodistas que estaban cubriendo el hecho hicieron protesta por tal acción.

Por otro lado, la presencia de dos periodistas no autorizados, que estaban presentes en el lugar donde la comisión recibió a los primeros secuestrados, da mucho que pensar de su ética y accionar periodístico, hasta el punto de que el Ministro de Defensa se cuestionó cómo habrían conseguido las coordenadas del sitio.

Aunque ellos alegan libertad de expresión, deben reconocer que además se sometieron a riesgo extremo al estar presente en una zona de alto riesgo, sin informar al estado colombiano.

Sabemos que los medios de comunicación en Colombia son manejados por los intereses políticos y económicos, lo que no les permite ser completamente objetivos y cuando suceden situaciones extraordinarias como la liberación de un secuestrado no orientarse solamente en ese acontecimiento, sino en todo el acontecer nacional e internacional.

Los medios deben tener en cuenta que Las Farc ven el secuestro como un móvil político de presión ante el Gobierno y no seguir cayendo en el juego que ellos han comandado hasta ahora al parecer con gran éxito.